
Con profunda emoción, el mundo despidió este sábado al papa Francisco, quien falleció el pasado lunes a los 88 años debido a complicaciones respiratorias. Su funeral se celebró en la Plaza de San Pedro, donde más de 250.000 fieles, junto a 110 jefes de Estado y representantes de 146 países, se congregaron para rendir homenaje al primer pontífice latinoamericano de la historia.
Siguiendo su expreso deseo de humildad y sencillez, la ceremonia se caracterizó por su sobriedad. Tras la misa fúnebre, el féretro fue trasladado en un papamóvil adaptado hacia la basílica de Santa María la Mayor. Allí, Francisco fue sepultado en una tumba discreta, identificada únicamente con la inscripción «Franciscus».

Durante tres días, miles de personas se acercaron a la capilla ardiente instalada en la Basílica de San Pedro, testimoniando el inmenso cariño y respeto que despertó a lo largo de su pontificado. La despedida de Francisco no solo marcó el fin de una era en la Iglesia católica, sino también el recuerdo de un líder que siempre se mantuvo cercano a los más vulnerables y a quienes clamaban por justicia y esperanza.
